CERÁMICA. APUNTES HISTÓRICOS:
Hombretierrafuego
APUNTES SOBRE LA CERAMICA Y SU EVOLUCIÓN
Benjamín Lira
Artes y Letras, El Mercurio
Domingo 24 de abril de 2005
El taller Huara Huara acaba de lanzar una edición bilingüe
de "Palabras de tierra", un libro sobre la cerámica
contemporánea chilena. Con una introducción de
Benjamín Lira, la publicación incluye obras de
más de cincuenta artistas.
Antes de pintar un bambú,
tiene que crecer dentro de uno.
Su Dongpo
Un impulso universal del hombre, en todas las
civilizaciones, ha sido el trabajar con tierra, ya sea por necesidad
doméstica o espiritual. A través del tiempo, la
práctica de la alfarería se ha mantenido vital,
adaptándose al desplazamiento de las culturas por el
mundo entero. Gracias a ese impulso del hombre, de transformar
la tierra en cerámica, es que conocemos los pueblos de
la antigüedad, cuyas costumbres y sueños quedaron
grabados en este frágil pero duradero material: la arcilla.
Investigar la evolución de la cerámica es al mismo
tiempo reflexionar sobre la historia del hombre. La alfarería,
compañera de la vida y la muerte del ser humano, ha labrado
una silenciosa crónica, paralela a la epopeya de la civilización.
El barro se asume en las escrituras bíblicas
como origen de la conexión de la tierra con el hombre:
"En el génesis, Yahvé Dios, hizo llover sobre
la tierra, formó el hombre con barro del suelo, insufló
en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un
ser viviente".
Los cuatro elementos básicos: tierra,
agua, aire y fuego, que según la antigua sabiduría
gobernaban el mundo, también han gobernado la producción
de la cerámica. El ciclo de la transformación
del barro termina cuando es secado por el aire y abrasado por
el fuego.
En todas las culturas, el alfarero es quien
despierta la tierra dormida, transmitiendo un sentido de inmediatez
a las formas de lo cotidiano, formas que tenían que ser
útiles tanto como debían ser bellas. El ritual
del alfarero, como el de un chamán, tiene por objetivo
despertar la creación, los sueños, las visiones,
y darle forma a la energía de la naturaleza y el cosmos.
Desde tiempos arcaicos esta herencia creativa
forjó las formas de los utensilios, la música
de los ritos, los rostros de los dioses, y con ellos los mitos
que se transmitían de generación en generación,
como un lento relámpago que iluminó durante miles
de años la faz del planeta.
Los alfareros desarrollaron tradiciones únicas,
reflejando e imprimiendo así el modo de vida y costumbres
locales en su versátil material.
Según la situación geográfica,
el período histórico y las propias necesidades
culturales y regionales van ajustándose a las múltiples
técnicas de factura, los numerosos estilos de diseño,
los colores y decorados, y definiéndose las formas, funciones
y significados de los productos que emergen cristalizados por
el fuego.
Universalmente, la greda, la materia prima
más próxima al hombre, ha sido usada desde la
prehistoria en todas las culturas y todos los continentes. El
alfarero utiliza el fuego para transformar la greda en diversos
productos que han acompañado siempre al ser humano: desde
utensilios de uso cotidiano para transportar, almacenar y cocinar
alimentos, esculturas de culto u objetos ceremoniales de uso
ritual, tabletas para la escritura o sellos de arcilla, coloridas
y brillantes baldosas para la decoración, hasta la construcción
del hábitat, refugio de la vida, y de la tumba, refugio
de la muerte.
La cerámica más antigua del mundo
es la encontrada en el sur de Japón, realizada hace 12.000
años, en la cultura neolítica Jomón. En
la extensa historia de la cerámica oriental resalta la
influencia de la filosofía Zen, que la ilumina y origina
un gran cambio desde un punto de vista artístico. La
austera estética del Zen evita cualquier elemento que
distraiga del sentimiento de la soledad y el vacío. Uno
de sus principios básicos es el gusto por lo esencial,
lo sencillo, lo tosco o inacabado, cultivando esa interioridad
ejemplarizada en el equilibrio de la ceremonia del té,
ritual que produjo un refinado estilo de cerámica en
los utensilios que se le destinan. Estos objetos consiguen un
impacto esencial: la belleza serena, pues el Zen reduce los
elementos formales a una mínima expresión, una
forma limpia, en la que el vacío se convierte en una
inmensa presencia: el mejor arte es aquel que carece de artificio
y sale del corazón.
En América, la fabricación de
la cerámica marcó un desarrollo crucial de las
culturas prehispánicas, pues fue una de las manifestaciones
artísticas más importantes de muchos pueblos del
nuevo mundo. La alfarería americana más antigua
que se conoce pertenece a la región de Valdivia (actual
Ecuador) y data de 3000 a.C.
En este continente el torno de alfarero fue
desconocido, lo que significó para los artesanos liberarse
del sometimiento a las formas circulares y dar rienda suelta
a la fecunda fantasía del modelado, con una exuberante
originalidad en los diseños y una temática simbólico-religiosa
de una variedad alucinante.
Los secretos de la cerámica emigran,
se desplazan y se difunden por el planeta, sobre los mares,
junto a conquistadores, navegantes y comerciantes. Viajan las
cerámicas por las rutas del comercio, de continente en
continente, tal como el preciado "oro blanco", la
porcelana de Oriente tan admirada en la Europa del barroco.
Este traspaso y difusión de información acerca
de la diversidad cultural de estilos y técnicas enriquece
y ayuda al desarrollo de la alfarería. Diversas influencias
y situaciones tejen la dinámica articulación histórica,
en la gestación y desarrollo de la cerámica en
Europa. Se podría citar, como ejemplo, la de España,
un país con una rica y sofisticada herencia de la cerámica
islámica, donde la alfarería y sus técnicas
se desarrollan especialmente después de 1600, en el reinado
de Felipe III, quien promulgó una pragmática sanción
que prohibía la fabricación y el uso de objetos
de oro y plata, con el fin de controlar el lujo. La consecuencia
inmediata de esta ley fue el incremento de la demanda de vajillas
de loza. En este período, centros manufactureros como
Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo alcanzaron durante
el Siglo de Oro una popularidad y una difusión tal, que
se convirtieron en los mayores proveedores de loza del reino,
exportando grandes cantidades a todo el continente americano
virreinal, originando así fuertes huellas en la producción
cerámica local. En Puebla, México, todavía
se produce una cerámica inspirada en la castellana, que
hoy día se conoce como el Talavera Poblano.
En cuanto a la cerámica moderna, muy
importantes en sus inicios fueron las exposiciones mundiales
realizadas en Europa a fines del siglo IX. Estas ferias, que
exhibían productos provenientes de las colonias africanas,
de América y del exótico Oriente, abrieron como
una caja de Pandora el espectro del mundo visual europeo. Una
explosión de nuevas ideas e imágenes inundó
a los urgidos artistas, ávidos de información,
que absorbieron estos datos para la reconstrucción de
una nueva mirada. Fue un momento de intensos proyectos, en nombre
de "la nueva cerámica", movimiento seguido
con destreza y pasión por intelectuales, artistas/alfareros,
manufacturas del Estado y talleres locales. A finales de 1880,
por primera vez en la historia de la cerámica, los artesanos
usaron el título de artistas.
Técnicamente, resurgió un gran
interés por el gres y las técnicas de la quema
de alta temperatura. Hasta ese momento, el gres tenía
una pobre reputación, según la tradición
alfarera, por ser la técnica usada para los artículos
más rústicos, de tradición rural. A fines
del siglo XIX los artistas se interesaron en el arte primitivo
y etnográfico, revalorizando los estilos decorativos
nativos y redescubriendo así los materiales naturales,
preindustriales. El interés de los artistas occidentales
por el arte y artesanía oriental ayudó a cambiar
la estética de la cerámica europea, transformando
el gres en un codiciado material artístico, especialmente
como material escultórico. Una de las mayores influencias
en la cerámica moderna fue la del arte oriental, especialmente
el de Japón, que influyó al centro del mundo cultural
de ese momento: París.
En esta atmósfera, uno de los primeros
artistas en trabajar y experimentar en cerámica, con
la técnica del gres, fue el pintor simbolista Paul Gauguin,
inquieto artista que se identificaba con lo salvaje y con las
culturas primitivas. Por su ancestro peruano, fue el arte precolombino
la primera manifestación artística que conoció,
pues su madre coleccionó cerámica arqueológica
andina. Gauguin se inspiro en esas complejas y diferentes piezas
desde el punto de vista europeo para producir un notable conjunto
de obras que realizó con esta técnica. Sus imágenes,
que surgen de huacos, eran modeladas sin usar el torno. Como
escribe en 1895: "Mi meta es transformar el eterno vaso
griego y reemplazar el torno por una mano inteligente, que pueda
infundirle vida como a una obra de arte..." (En el siglo
XIX, la mayoría de los artistas que trabajaban en cerámica
restringía su actividad a la ornamentación, o
a producir modelos en cera para que un artesano los realizara
en cerámica; ellos no manipulaban la greda directamente,
perdiendo así esta vital conexión).
A principios del siglo XX, la cerámica
moderna toma un rumbo alternativo a la formalidad a que estuvo
sometida. Navegando activamente por la historia del arte y del
diseño, se explora tanto la alfarería como la
escultura en cerámica. Importantes contribuciones estilísticas
y formales fueron aportadas por grupos de artistas visuales
y alfareros que experimentaron con cerámica: los expresionistas
alemanes, los fauvistas, los suprematistas rusos, así
como el taller de cerámica de la Bauhaus, que pregonaba
que había que "arrasar con la muralla arrogante
entre artista y artesano". Importantes contribuciones al
conocimiento del proceso y la tradición de la cerámica
oriental realizaron los ceramistas Shoji Hamada de Japón
y el inglés Bernard Leach.
Nuevos tiempos
A mediados del siglo pasado, importantes pintores
y escultores -tales como Picasso, Miró, el grupo Cobra,
Noguchi, y Lucio Fontana- se incorporaron al trabajo de las
artes del fuego, con una sorprendente diversidad de visiones,
usando la cerámica como una forma de expresión
directa, visceral, e instalándola en los itinerarios
del circuito de arte.
El barro húmedo es vibrante. Como dijo
Peter Voulkos (1924-2002), importante figura de la cerámica
contemporánea: "Cuando tocas la greda, se mueve
y hay que aprender a bailar con ella; está animada...".
Voulkos estudió pintura antes de dedicarse a la cerámica,
absorbiendo el momento artístico que se respiraba en
Estados Unidos a principios de los años '50. Su manera
de trabajar el gres fue comparada con el jazz, por su calidad
experimental e improvisación, y fue descrita como "liberación
de la ansiedad en el oficio". Con él, adquirió
un fuerte protagonismo el trazo visceral, el gesto espontáneo,
convertidos en objeto artístico, dotado de significado
completo en sí mismo. ¡Y qué mejor que este
táctil material para expresar la energía transferida
directamente por los gestos de la mano, por los trazos de los
dedos, experimentando con pasión los accidentes imprevistos
de la manipulación de la cerámica!
La semilla de este gran artista llega a Chile
a través de los estudios que realizó la fundadora
del taller Huara Huara, Ruth Krauskopf, en la Universidad de
California, donde Voulkos fue su profesor en el taller de escultura.
Desde la perspectiva occidental, la cerámica
ha sido durante mucho tiempo considerada como una actividad
artesanal, un arte menor. Pero hoy la cerámica está
gozando en nuestra cultura un generalizado renacimiento, tras
años de relativa oscuridad. Los curadores miran hoy con
más atención este antiguo conocimiento, y las
formas y métodos con que artistas y artesanos han trabajado
este adaptable material en los últimos cien años.
Coexistiendo con la tradición, conocidos
artistas, desde muchas disciplinas, se asociaron a la cerámica
aportando su vigorizante visión. Gaudí, Malevich,
Duchamp, George Ohr, Lucie Rie, Paul Soldner, Jun Kaneko, Betty
Woodman, Chillida, Tápies, A. Caro, Tony Cragg y J. Koons,
entre muchos otros, han contribuido al actual auge de las "artes
del fuego".
En Chile, escultores como Samuel Román,
Rosa Vicuña y Luis Mandiola son pioneros en trabajar
escultura en cerámica. La alfarería popular ha
estado presente en la vida diaria desde la colonia hasta nuestros
días, con notables centros de larga tradición,
como Quinchamalí y Pomaire. También Lota, abierto
en los años 40, fue un importante centro de alfarería
industrial que produjo abundante loza funcional y decorativa.
En las últimas décadas ha surgido el ceramista
de taller, como se designa al alfarero que tornea, modela y
quema piezas únicas, desarrollando una estrecha conexión
entre el diseño, la alfarería y la pintura, revitalizando
así la alfarería urbana. A este respecto el taller
de cerámica Huara Huara ha sido uno de los focos de estímulo,
en Santiago, para que desde el espacio de la experimentación
y del cultivo del barro los ceramistas estén atentos
a lo que dictan la tierra y el fuego. La meta es continuar buscando,
revitalizando esta tradición, convirtiéndola en
un camino de exploración del arte de la sorpresa.
Benjamín Lira